Aprendí que un amor no correspondido, en manos frías, puede ser letal para un corazón en llamas.
Pero también entendí que no todo lo que duele... es destino.
Comprendí que los traumas pueden hacerte crear otra personalidad para sobrevivir, porque en algún momento llegas a creer que está mal ser tú... o te hacen creer.
Que el miedo y las inseguridades pueden encerrarte en una caja que parece "protección", pero en realidad te limita y te ciega del entorno.
Dejé malas costumbres.
Me alejé de personas que lastimaban mi alma. Dejé hábitos que me apagaban.
De hecho que nada fue fácil. Ha sido una lucha constante.
Aprendí a orar. A hablar con Dios cuando no sabía qué hacer.
Entendí que la fe, es dirección, cuido mi cuerpo, mi mente y mi presente.
Ahora recuerdo todo como si fuera ayer, pero ya no me duele claro.
No me tengo lástima.
Porque lo superé.
Y hoy estoy aquí.
Eso es lo que más importa.
La verdad me siento como alquimia: lo que estuvo roto lo he sellado con oro.
No porque nunca se haya quebrado, sino porque aprendí a reconstruirme con intención.
Ahora todo lo que hago nace desde el amor y amo que sea así.
Soy yo misma.
Y cuando uno vive desde su esencia, lo que toca florece.
Si me preguntan ¿qué le diría a mi yo de hace algunos años?, le diría:
Suéltate.
Déjate caer en el vacío.
Dios siempre estará ahí y nunca te va a soltar.
Olvida la culpa. Perdónate por todo lo que no supiste manejar, por lo que no pudiste perdonar, por lo que hiciste desde el miedo.
Es bueno tocar fondo.
Porque en el fondo encontrarás un lienzo vacío.
Verás muchos colores, mucha pintura…
y esta vez podrás llenarlo como tú quieras.
Sé libre... ♥︎
Luv you, pequeña Lu. 🤍